Friday, July 07, 2006

NOTICIAS DEL MUNDIAL



Lehmann detiene a Argentina

Pese al empaque del cartel, Berlín presenció ayer poco fútbol. El Argentina - Alemania (1-1) fue un partido pobre, con la tensión propia de unos cuartos de final, pero sin la calidad que se supone a dos de las ocho mejores selecciones del mundo. Se decidió en una tanda de penaltis. Antes, apenas se vieron dos cabezazos; o mejor dicho, tres. El primero lo firmó Ayala tras un salto extraordinario con maniobra aérea incluida. Los otros dos, media hora más tarde, llegaron tras un centro de Ballack. Borowski peinó y Klose, como suele pasar en estos casos, acertó con la portería. Muy alemán todo.
Nuestros lectores argentinos andan muy dolidos con el árbitro eslovaco Lubos Michel. No señaló una mano que parecía clara en el área alemana (digo parecía porque la realización anfitriona no tuvo a bien repetir la jugada una sola vez) ni tampoco cobró una patada de Klose que obligó a Abbondanzieri a dejar su puesto a Leo Franco. Dicho esto, y sin olvidar que también se fue al limbo un agarrón de Ayala a Ballack dentro del área, tal vez sería mejor que Argentina, a la hora de buscar explicaciones, que no excusas ni culpables, mirara a su banquillo.

Porque Pekerman, al verse con ventaja en el minuto cinco de la segunda parte, decidió administrar el partido. Eso que dicen que debió hacer España ante Francia en lugar de seguir tal cual. Argentina tenía el partido bajo control antes y después de su gol. Pero su seleccionador decidió la vía administrativa. Replegó a sus hombres y envió un mensaje rotundo al sustituir a Riquelme por Cambiasso. Cuando Román acierta, alabamos su sangre fría. Cuando no, lamentamos su melancolía crónica. Ayer fue una tarde para lo segundo. Riquelme dejó el partido (y luego supimos que también el Mundial) sin apenas dejar huella. Sus críticos, los que dicen que no es capaz de liderar a un equipo grande, se cargarán ahora de razones.
Los de Klinsmann consiguieron el empate con su mítica determinación. Viendo a algunos de sus jugadores, eso ya es bastante. Antes de los penaltis, Oliver Kahn, mejor jugador del Mundial 2002 según la FIFA y actual suplente de Jens Lehmann, se acercó a éste con una sonrisa para darle ánimo y desearle suerte. Y Alemania, que no presenciaba un gesto de concordia semejante desde la caída del muro y la posterior reunificación, se acabó imponiendo en los penaltis. Ayala, que había completado un gran partido, la pegó como la pegaría un niño. Y, puesto que cada alemán cumplió en su lanzamiento, Cambiasso acudió al suyo con plomo en las botas. Lehmann hizo el resto y puso a hervir el estadio olímpico. Los alemanes están a dos partidos de ganar su Mundial. El martes, a las 21h, les espera Italia.

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